lunes, 18 de agosto de 2014

Aprendiendo a esperar.

Cuando tenía 4 o 5 años habían salido unas muñecas nuevas. Eran altas (casi como yo) y traían diferentes vestidos. La vi en una revista publicitaria de un hipermercado mientras ibamos en el auto con mis padres y, apenas la vi, me volví loca. Estabamos en octubre, y pedí por favor que me la compren. Por aquellos días eramos mi hermanito (que en ese momento era un bebé) y yo, la mimada. Mi papá trabajaba muy bien, vivía viajando y no lo veía nunca; entonces, cada vez que venía de viaje me traía un regalo para intentar remediar las semanas enteras que pasabamos sin vernos. Yo no sabía lo que era un NO.
Mi mamá me dijo que me se la ibamos a pedir a Papá Noel. ¡¿PAPÁ NOEL?! ¡ESTAMOS EN OCTUBRE, FALTA UNA BANDA! Lloré, patalee e hice todo el berrinche que me salió. Pero la muñeca no llegó hasta navidad. 
Hoy, tengo 21 años, y la vida me fue bajando de esa burbuja a las patadas. Mi papá ya no trabaja tan bien (es docente), somos tres hermanos, y desde muy chiquita aprendí a ser independiente, a arreglarme sola, a trabajar por lo que quiero y a luchar por lo que sueño. Pero resulta que hay cosas que no se pueden comprar ni con toda la plata del mundo, que "papá noel" no trae y que ni trabajando de lunes a lunes se consiguen. Es frente a esas cosas que me desplomo. Me veo otra vez como esa nena de 5 años, haciendo berrinche cuando las cosas no me salen, sintiendome mal, ansiosa, queriendo todo YA. 
Algunas veces, tenemos que esperar un poco más por ciertas cosas. Que no se nos de enseguida, no quiere decir que no se nos vaya a dar. Solo que tenemos que aprender a esperar por lo bueno, por lo que realmente queremos. De nada sirve desesperarse o intentar apurar o presionar para que las cosas se den. Porque lo que no tiene que ser, no va a ser por más que nos desesperemos. Y si tiene que ser, será en su momento. Y que sea, lo que sea. Y lo que no tiene que ser, que no sea. 
No está mal estar triste, al contrario, somos humanos. Y a mi, como humana que soy, a veces me cuesta mucho entender esto (o me olvido, no se) y es entonces cuando me desplomo y me cuesta mucho seguir. A todos, algunas veces, nos cuesta mucho seguir. Levantarnos como si nada, afrontar nuestras obligaciónes, relacionarnos con la gente, sonreír... Pero si me quedo tirada ¿gano algo? Hoy cuento mi historia hasta acá... y después ¿cómo sigue?.


viernes, 8 de agosto de 2014

“¿No es acaso todo lo que hacemos en la vida, una manera de que nos amen más?”


"Si de verdad existe alguna clase de Dios, 
no debe estar en ninguno de nosotros,
ni en ti, ni en mi, pero quizás en un pequeño hueco entre nosotros.
Si existe alguna magia en este mundo 
debe estar en el intento de comprender a alguien al compartir algo...
Lo se, es casi imposible lograrlo, pero...
¿Qué importa eso? En el intento debe estar la respuesta"

Antes del amanecer.



Melancólicamente...

En estos últimos meses no escribí. Creo que no estaba inspirada porque… ¿estoy sola? Aparentemente soy otra ridícula a la cual lo único que la inspira es el amor. Y cuando escribo “amor” me doy asco, porque no me considero una cursi en lo absoluto. Pero, se ve que en el fondo, lo soy. Excepto una que otra entrada, ésta no es la diferencia a cosas que pude haber escrito en otras oportunidades, en esta vengo a hablar otra vez de mi.
La cuestión es que últimamente no solo estoy, si no que me siento sola. Y por lo general, cuando estoy en este lugar me pasan dos cosas curiosas: la primera es que le pongo extremada expectativa al futuro (al punto de volverme un ser cargado de ansiedad) y la segunda es que pienso mucho en el pasado. Analizo, reviso y reviso para lograr entender qué fue lo que salió mal en esas doscientas relaciones fallidas que tuve. Casi nunca encuentro respuesta que ya no hubiese encontrado en otra oportunidad, algunas veces encuentro cosas que podría mejorar en mi. Pero volviendo a lo curioso, es que el 90% de las veces comienzo a extrañar a algún ex.
¿Qué es lo que me lleva a extrañar a un ser que en su momento me resultó odioso a tal punto de no querer ver nunca más? Estos días escuché algo interesante. Una actriz hablaba sobre la separación en un programa rosado y berreta y decía que el tiempo tiene la virtud de curar, pero también de borrar lo negativo y hacernos recordar solamente lo positivo. ¿Será esto lo que me pasa? Me olvido de todas las razones que me llevaron a separarme de esas personas y me acuerdo solamente de lo bien que lo pasaba. “No era tan mal tipo” me digo, y termino distorsionando todo y culpándome por eso que no funcionó. Así no solo me cargo con la culpa y la melancolía, sino que resalto lo insoportable que soy y todas las cosas que hice para que él se aleje, como si el tipo fuera un ángel caído del cielo que hizo todo perfecto.
La realidad es que no fue porque no tenía que ser. Eso lo se bien. Pero a tal punto el tiempo y la soledad se confluyen para confundirme, que termino creyendo que no fue porque hago todo mal. Y por ende, termino sintiéndome la peor basura in-amable que está predestinada a estar sola, rodeada de gatos, por el resto de la triste vida…

Realmente no creo que sea así. Por eso, cada vez que comienzo a entrar en una crisis melancólica me recuerdo a mi misma porqué se terminó todo: “te mentía, no te decía las cosas de frente, te boludeaba, te usaba solo para coger, te tenía del montón”, o simplemente éramos tan diferentes (o tan iguales) que jamás hubiera funcionado. Y soy de las pocas personas que tiene la suerte de decir que se sale siempre de todas a tiempo. Que no cae en la guampa o relaciones enfermizas e insulsas, porque nunca se compromete con nadie, que puede no ser tan positivo, pero todo depende de cómo lo mires.

domingo, 13 de julio de 2014

Papeles por la calle

Este fin de semana me tocó hacer de promotora. Ya saben, pararme en una esquina a repartir volantes a todo el que pase. Entre horas ahí parada rodeada de gente y completamente sola, tuve tiempo suficiente para observar a la gente cosa que –usalmente- no hago. Me caracterizo por ser del tipo colgada/despistada. No presto mucha atención a los detalles y me pierdo cosas que muchas veces terceras personas me ayudan a ver. Pero estos días fueron diferentes, porque dejé de ensimismarme en mis pensamientos por un rato y tuve la oportunidad de mirar a los demás, de mirar hacia afuera.
Lo que vi en principio no me pareció muy positivo. Vi mucha gente triste, mucha gente amargada, que me ignoró o me miró mal por el hecho de extenderle un papel en plena calle. Vi mucha gente discutir, con caras largas y metidas en pensamientos –deduzco- negativos. También vi mucha gente enferma, muchos ancianos rengos, muchos jóvenes con discapacidades, enanismo y pies atrofiados. Puede sonar rara mi observación y hasta algún punto cómica, pero en realidad es muy triste y me hizo darme cuenta lo afortunada que soy por el simple hecho de tener salud. Además, vi que mis problemas no son tan grandes aunque tal vez algún día lo sean. Que la mayor parte de la gente con caras largas era gente mayor y que la juventud todavía mantiene las sonrisas.

Pero en general, lo que me dio un aliento de fe es ver gente amable, que me sonrió y me aceptó el volante. Un volante que probablemente tirarían en el primer cesto de basura que viesen y siquiera lo leerían, pero que tuvieron la gentileza de ser amables con una desconocida que estaba laburando a pleno sol. Eso, cada sonrisa que vi, me dio un poco más de fe en la humanidad.

domingo, 1 de junio de 2014

De un domingo frío...

Después de tanto llanto, tanta risa, tanto todo. Después de tantas crisis, tanta confusión, tanto desencuentro. Después de tanto... pasé una semana regular. Y con regular quiero decir: dormí bien, comí más de la cuenta, no lloré antes de dormirme, no escuché música triste, no pensé demasiado en nada. ¿Superación? Tal vez. Empecé a decirme que poco me importa lo que sea, "y que sea lo que sea" escribí en mi estado de WhatsApp y me recordé las mil y una veces que estuve en una situación similar -plagada de crisis existenciales- y que sobreviví, seguí, dí vuelta la página y todo siguió igual. Los grandes cambios no se dan precisamente porque pensemos mucho en algo; las cosas no se solucionan porque le demos mil vueltas a la almohada y los milagros no caen del cielo. Al menos no cuando los esperamos con impaciencia.
 Esta semana me dejé ser y dejé ser a la semana, la dejé pasar sin tanto espamento, sin tanto barullo. Porque el barullo no me hizo nunca más llevadero nada, al contrario. También dejé pasar a quien insiste con pasar, de ultima, por algo pasa. Y si no se queda, capaz algo nuevo me deja. Eso, nuevo. Lo único que pido es que ya no se repitan historias (me aburren y me vacían). Al menos que sean historias originales, de esas que contar en una ronda de amigas cuando hablamos de los ex, algo que me deje algo de qué aprender. Y si queda, bienvenido sea. Le hago un lugar en el sofá y nos acurrucamos con una cerveza mientras miramos una película "cómica" que no me da nada de gracia.
De lo que se dice “amor” ya poco espero, o al menos ya poco espero del primero que me trae chocolates. Porque nunca encontré nada similar a lo que pienso es el amor, de última, ya estamos en junio (me cuesta percatarme de eso), y con lo rápido que se van los meses, se van los años y la vida. Al menos eso dice mi abuela. Por eso: KEEP CALM AND ENJOY.

De intuiciones, daja-vús y excepciones

“Las mujeres somos las de la intuición”; al menos así dicen. Yo, particularmente, no me considero una persona muy intuitiva. Al contrario, por lo general erro bastante, si de adelantar hechos se trata. Pero ¿qué es la intuición? ¿Un sentir? ¿Una especie de latido, un deja-vú ocasional? Yo más que intuición, acostumbro a guiarme por mi sentido común y mi experiencia, aunque acepto que muchas veces me equivoco, por ejemplo, con las personas. Traigo conmigo tan arraigados una serie de prototipos que me fueron imponiendo a lo largo de la vida, que veo venir de noche a un chico con pelo largo y por las dudas cruzo la calle; veo a un tipo con alianza de casado y me genera confianza… como decía, prototipos. Porque ¿quién dice que ese chico con pelo largo es mala gente, o que el tipo con alianza no es un golpeador?

La mayor parte de las veces, me equivoco con la primera impresión que tengo de la gente. Tanto si fuese una impresión buena o mala, esa persona me termina demostrando que estaba equivocada. Que el chico con pelo largo era un buen tipo, inteligente, y que el que tiene un título colgado en su pared es un forro. Desde que me di cuenta de mi poca capacidad para intuir a la gente desconfío de mi misma. Desconfío de mi intuición e incluso de lo que mi sentido común por mi experiencia me pueda decir. Y las pocas veces que acerté me odié a mi misma, porque en el fondo lo sabía y no quería aceptarlo por miedo a estar equivocada.  Porque de última, no somos todos iguales, siempre, en algún montón y en el lugar que menos imaginamos, puede estar escondida la excepción.

domingo, 11 de mayo de 2014

Casi 21

Voy llegando a los 21 con ganas de no llegar. Llego así, arrastrando los pies, con la cabeza gacha, con las ganas frustradas. Tengo mil razones para reír y mil motivos para no tener ganas. Voy llegando así, con la cabeza resignada.
Pienso el día entero en cosas que no pasan, estoy triste por eso, pero tengo miedo de que pasen. Miro a mi alrededor y veo a todos moverse y cambiar de forma, y me veo a mi misma atascada, marcha atrás. Nada supuso un avance. Lo único que pasó es que no pasó nada. Lo único que junté fueron una pila de tipos. De tipos que son así o así, ya los sé catalogar. Llegan y me doy cuenta en que cajón van. Se dan la vuelta y se van.
Nada dura lo que quiero que dure, nada llega como quiero que llegue. Y mis ganas de que llegue empiezan a ser boicoteadas por mis miedos, y mis miedos me desean lo mejor. Voy pensando que va a pasar, que nada es para siempre, pero no me bancaría otros cien años así. Necesito tanto llenarme que me vacío inconscientemente. Porque le encuentro el pelo al huevo en cada cosa que hago, en cada parte de mi día, de mi semana, de mi mes y doy por perdido el año en pleno mayo. Ya se consumieron todas mis velas, los santos ya se cansaron de mí y me cuesta levantarme todos los días. Y voy así, arrastrando los pies…
Tengo ganas de seguir, no quiero parar, porque sé que en cualquier momento todo puede cambiar. Pero el momento no llega nunca, voy a cumplir 21 y se me pasan los años. Miro a mi alrededor y todos cambian, y yo también. Pero no cambio del modo que querría cambiar, me vuelvo un poco más distante, un poco más apática, un poco menos yo. Y recibo a mis 21 con los de siempre y con el que nunca está. Con el que hoy está y mañana se va, como todos los demás. Pero levanto mi copa porque, para bien o para mal, sigo caminando. Y hoy estoy… ¿mañana?

martes, 15 de abril de 2014

Qué esperar cuando ya no sabes que esperar.


Ya esperaste más de lo que esperabas. Ya intentaste, te caíste, te levantaste y te volviste a caer. Un baile sin fin de idas y vueltas con bailarines que poco querían bailar. Cometiste el mismo error una y otra vez, jurando siempre "esta es la última". Pero nunca es la última, porque nunca dejamos de bailar, aunque a veces querríamos, aunque creamos que sí. 
Odiamos y amamos a nuestros bailarines, nunca son lo suficientemente buenos y esperamos que llegue ese que nos saque los pies del suelo. Pero resulta que siempre son los mismos, siempre el mismo tipo, nada nuevo que te vuele la cabeza o te haga sentir diferente. Y empezás a resignarte. Comenzás a bailar con cualquiera para no bailar sola. Te sentás un rato y miras a tu alrededor para ver si alguien mejor te saca a bailar su mejor pista. Pero nada. 
Y la espera a veces desespera. Y llegado cierto punto ya no sabés que esperar del próximo que llegue, o peor aún, ya no esperás nada. Los rodeas a todos dentro del mismo circulo de tipos malos. Como una sola maraña de gatos con la que ya no tenés ganas de enredarte. Ya no querés poner tus mejores ganas, tu mejor sonrisa, ni mostrar tus mejores pasos. Porque sabés que poco importa, si al fin y al cabo siempre termina igual que la vez anterior. O incluso peor. 
Entonces te relajás, te repetís a vos misma que "son todos iguales", los mirás de lejos, los medís con vara rasa. Cada célula de tu cuerpo te impide confiar en cualquier mirada, en cualquier sonrisa, porque aprendiste que la gente sabe fingir demasiado bien, sabe mentir con demasiada facilidad y que así como llegan se van. Les das la chance de conocerte y a vos de conocerlos, pero ya no esperás que pase a mayores. Las ilusiones del rato ya no te van, porque sabés que donde hay ilusiones lo único que quedan son desilusiones y un corazón roto. Entonces, un día, decís basta. Seguís tu camino, tus metas, con paso ligero. Total, nada llega antes por mucho que pierdas el sueño. Nadie te quiere más por muchas ganas que le metas. Ni nada funciona mejor por simple voluntad. Al final todo cae por su peso, al final terminamos en el lugar que debemos estar.

"Cada cosa en su justo lugar, dale tiempo al tiempo"


jueves, 3 de abril de 2014

No se queje ¿si no se queja?

¿Qué estamos haciendo? Humanos. Inconformistas por naturaleza. Nada nos basta, nada es nunca suficiente, siempre queremos más y más. Está bien tener perspectivas de crecimiento, esperar  o aspirar a lo mejor, porque eso nos ayuda a crecer y mejorarnos. Pero ¿qué pasa cuando esas "aspiraciónes" se nos van de las manos? Perdemos tanto tiempo quejándonos. Porque no tenemos esto, nos falta lo otro. Estamos tan preocupados que no vemos lo que sí tenemos. 
Esto no es un libro de auto-ayuda, yo también me quejo y soy humana (a veces de más). Pero hay personas que me superan incluso a mi. Viven en una burbuja, donde todo es más y siempre se comparan con gente mejor. Como dicen las abuelas "Siempre va a haber alguien mejor que vos". Pero, también, siempre hay gente que está peor. Voy en el colectivo escuchando a una mina quejarse porque no le dieron un PLAN y ahora no va a poder comprarse MÁS zapatos. Sí, leyeron bien. Un plan del gobierno, para comprarse zapatos. No quiero entrar en cuestiones políticas ni causar revuelo, pero ¿cuantos casos como éste vemos todos los días? 
Después escucho a una mujer quejarse de dolor de espalda. Parece que las pesas del gimnasio le hicieron mal. ¿De qué estamos hablando? De gente que tiene la posibilidad de acceder un gimnasio, de pagar todos los meses una cuota de $300 para ejercitarse, de una mina con un burbujitas en la cabeza que tiene la posibilidad de que sus padres le den plata todos los meses para comprar huevadas,  ¡y se quejan! De esta clase de gente es de que yo me quejo.
Cada vez que estoy por quejarme, cada vez que voy a abrir la boca para decir que no puedo comprarme ropa, me acuerdo de ésta gente. Me acuerdo de lo que tanto aborrezco y a la gente que no me quiero parecer. Vivo en una de las provincias argentinas con los índices más altos de pobreza y desnutrición. Vivimos en un mundo donde todos los días gente muere de hambre y sed. Y nosotros acá, sentados en el aire acondicionado dándonos el lujo de quejarnos porque nuestro jefe es un pesado o nos dieron mucho para estudiar. Paremos la mano. Prendamos las luces. Paremos con tanta queja sin sentido. 
Está bueno quejarse cuando es por una causa justa. Apoyo totalmente a los trabajadores que reclaman por un aumento en sus miserables salarios, pero no avalo a la gente que lleva la queja como una forma de vida. 

miércoles, 19 de marzo de 2014

Causa-lidad.

"eslabones en una cadena inexistente, cómo nos sostenemos aquí, cómo podemos estar reunidos esta noche si no es por un mero juego de ilusiones, de reglas aceptadas y consentidas, de pura baraja en las manos de un tallador inconcebible...”
'Rayuela' Julio Cortazar

Amo con mi ser cada una de mis casualidades. Porque por casualidad nací en Argentina, por casualidad mis padres se conocieron y son mis padres, porque por casualidad eligieron esta casa, me mandaron a ese colegio y conocí a esas personas que también por casualidad me conocieron, y así, todo por casualidad, hice esos amigos. Por casualidad leí sobre mi carrera y por casualidad estoy estudiando esto y no aquello. Por casualidad vivimos, por casualidad es acá, por casualidad conocemos a la gente que conocemos.
Casualidad, esa es la palabra que eligen los incrédulos que se fían de la ciencia para hacer sus pronósticos e hipótesis. Me hacen bostezar, porque creen en la casualidad, creen que pudo ser como que no. Y tienen razón, pero resulta que es cuando podría no ser y eso es lo que me altera. Porque es, porque estoy acá, porque respiro, porque éste es mi cuerpo, porque podría ser cualquier otra persona pero soy esta. Soy un conjunto de decisiones tomadas, soy un enjambre de gente que pasó por mi vida, soy mi país, soy mi casa, soy todo y más que eso. No soy casualidad, de eso estoy segura, puedo ser más bien “causa”. De eso me gusta hablar, de las causa-lidades.
Podría empezar a escribir sobre el destino, pero me aburre ese monólogo tan repetido, lleno de contradicciones. Prefiero hablar de las causas y dejar tranquilos a los que todavía creen el libre albedrío, mientras yo, creo en un ser superior que me guía, que sabe de antemano que voy a decir y que voy a elegir. Yo soy causa, de mi van a derivar muchas más consecuencias que se van a convertir a su vez en causa. Nadie pasa inadvertido, todos tocamos lo que nos rodea por el simple echo de estar vivos, lo afirmo.

¿Quién no se preguntó alguna vez como sería todo si no existiéramos? ¿Cómo sería si yo no existiera? Estoy segura de que nada en mi entorno sería tal y como lo conozco, yo transformé vidas con el solo hecho de nacer. Entonces, ¿cómo podemos ir por ahí pensando que vivimos por vivir? Soy causa y efecto. Mi existencia va a desembocar en miles de efectos más, hasta mi muerte, ésta también va a tener su efecto. Por el momento, prefiero concentrarme en la vida, en vivir lo mejor posible, con mis errores –predestinados- para acarrear conmigo los mejores efectos posibles, para cumplir lo mejor posible con mi causa.

domingo, 16 de marzo de 2014

Un presente en pasado.

En esos días andaba tan alterada, tan sobre-sensible, tan extremista en todas mis formas. Quería algo y descartaba todo, necesitaba a alguien pero no hablaba con nadie. El amor y el odio eran uno. Mi familia se había acostumbrado a mi hasta el punto de dejar de pelearme para que me levantara de la cama o me sentara en la mesa a almorzar, se los veía furiosamente resignados. Nadie me dirigía la palabra y mis días y mis noches transcurrían tras cuatro paredes pintadas de lavanda. Dormía de día y vivía de noche. Me paseaba de la cama al baño y algunas noches me sentaba durante horas frente al ordenador. Leía o pasaba el día pintando un John Lennon multicolor, cocía algunas prendas que usaría en alguna ocasión, miraba Los Simpsons y dormitaba.
Esos días me sentía profundamente triste y la tristeza se debía a la enorme soledad que me pesaba. Mi cable a tierra siempre habían sido mis amigas y en ese momento ya no estaban ahí para ayudarme, esta vez no podía escapar. Me encontraba conmigo, y me odiaba. Odiaba todo lo que ocasionaba, odiaba que todo lo que tocaba lo arruinaba, odiaba el miedo que me llevaba a no-tocar por miedo a arruinar. Odiaba ver a mi entorno tan enamorado de un amor que me resultaba extraño y odiaba verme a mi misma anhelando poseer algo que desconocía. Odiaba sentirme tan víctima y leer mensajes que me apuntaban como la victimaria. Negaba todo. Me refugiaba detrás de una sinceridad punzante que lastimaba a quien intentaba acercarse y ponía en mi contra a quien más me quería. El encierro me tornaba la peor versión de mi misma. Odiaba el punto de no retorno y las circunstancias que me habían llevado a esa situación.
Dos meses atrás tenía lágrimas que regar, me lamentaba por mis malas decisiones, por mis errores. Perseguía promesas de que si dejaba atrás todo algo bueno llegaría. Amaba la idea de ese “algo bueno”, después de tanto mal trago. Y ahora me veía peor que antes, peor que nunca, me veía como hace años no me veía, sola e indefensa. Ya no me quedaban excusas para culpar al destino, estaba segura de que recogía mi siembra y la noche entera me dedicaba a repasar cada gesto que me podía haber abandonado a la deriva. No hablaba del tema con nadie, y si lo dialogaba, era para lamentarme por mi consecuencia, evadía con todas mis fuerzas la causa. Si alguna vez alguien lo mencionaba cambiaba de tema, sentía un puñetazo en la boca del estómago, sentía herido mi orgullo, mi corazón, mis sueños y mis esperanzas.
Corría en la dirección contraria, corría de todo lo que antes había matado mi inocencia y buenas intenciones. Ni la suerte, ni mi cacho de "belleza", ni siquiera mi inteligencia, se habían puesto de mi lado nunca. Las veces que aposté me tocó pagar y nunca nadie se jugó por mi.

Así estaba en esos días. No caía una lágrima, pero se traducía todo mi interior en mal humor y horarios despatarrados. Quienes me entendían no querían verme, quienes me veían no se imaginaban lo que pasaba conmigo. Dormía, pintaba, leía. Sin darme cuenta crecía y sin saberlo me quedaba tanto por vivir. La ansiedad no me permitía ver que con solo 20 años y si Dios me lo permitía, me quedaba un largo trecho por recorrer, mucha gente por conocer y mucho por aprender. 

"Andabamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos"
JULIO CORTAZAR


sábado, 15 de marzo de 2014

Memorizarlo


Ni conmigo ni sin mi.

¿Por qué sentimos esa gran necesidad de estar acompañados? ¿Por qué no podemos ser felices estando solos? Con nosotros mismos.
El hombre de por si es un ser social, necesita rodearse de los demás para llevar una vida felizmente normal, para no enloquecer. Al menos así dicen. Hay aquellos que disfrutan tanto estando solos, con su música, sus ideas, con el silencio de la casa. Mientras otros -me incluyo totalmente- no podemos pasar una noche solos, una semana, un mes, porque comenzamos a sentir una gran ausencia, un gran vacío, un pesar que no nos deja en paz. Pasé noches y noches enteras (sin dormir) intentando encontrar una respuesta a este interrogante que pesa una tonelada en mi pecho. Quiero convencerme de que es algo psicológico, que está todo en mi cabeza, que no me falta nada, que tengo una vida por delante y mil personas por conocer, que todo es temporal, etcétera, etcétera, etcétera. Pero resulta que llega la noche y la soledad se hace presente, como una sombra, no me deja descansar. ¿Acaso tenemos miedo de estar solos? Y si es así ¿por qué?...
Más de una vez escuché de alguna boca la frase “ella no puede estar sola…”, nunca quise que sea mi caso, lucho contra eso, me obligo y me pongo metas para estar algún tiempo con nadie más que conmigo. Pero siempre me termino traicionando, pasan uno, dos meses y me vuelvo a ver abrazada a algún ser que poco tiene que ver conmigo. Busco desesperadamente ¿amor? o alguna excusa para atarme a alguien con quien, por lo general, no soy compatible, casi no conozco o no quiere estar conmigo. Soy conciente de eso, lo asumo, pero así y todo no entiendo porqué no paro. Porqué después de tantas caídas, de tanto errar, de tantas desilusiones, de tanta mala leche, no paro un poco. Porqué no puedo ser un poquitito más rencorosa con la raza masculina y permitirme disfrutar de mis silencios, de mis tiempos, tomarme un descanso. ¿Acaso tengo miedo a estar conmigo? ¿Acaso de quien tanto huyo… es de mi misma? ¿A qué le tengo tanto miedo? ¿Es a la soledad en sí, al estigma social de ser “la que nunca tiene novio” o a lo que pueda encontrar si me encuentro? Podría ser un poco de todo, o ninguna de las anteriores.
Nos despedimos. Atentamente. Mi soledad y yo. 

martes, 18 de febrero de 2014

Estelares - Aire

   



Hice todo lo posible por seguir
cambie el color de mis ojos por marfil
acostumbrado a mentir
acostumbrado a reir



van mil días que no se lo que decir
sin ideas de Buenos Aires a Junín...



y el verano trajo luces sobre el mar

y entendí que hay mil maneras de dar
y aunque no te haya hecho bien
a mi manera te amé (...)



No soy el tipo que parezco ser
no soy el tipo que tu crees ver

Me haces bien.


Hoy me dieron el mejor consejo que me pudieron haber dado en los últimos tiempos. “Hacé lo que realmente te hace bien”. Y no solo eso: “no importa lo que piensen los demás, hacelo por vos”. Estoy agradecida inmensamente a la dueña de esas palabras, porque además de ser una gran consejera, es una amiga de esas inamovibles que uno conserva por años. Y sí, es una frase echa, pero, estaba tan preocupada pensando en lo que “debía” hacer y en hacer las cosas bien para que me vaya mejor, que no me había planteado esa idea.
Estaba tan preocupada pensando en lo que podían pensar los demás, que había dejado de pasarla bien, había dejado de divertirme, había dejado de salir ser yo y me esforzaba mucho por ser la persona que se supone que tengo que ser. Pero hoy, después de eso, ya no me importa nada. No se puede andar bien con todo el mundo y tampoco lo pretendo. Si no se interesaron realmente por mi, si no me aceptaron tal cual soy, si no se dieron la oportunidad de conocerme mejor ¿por qué tienen derecho a obtener lo mejor de mi? Hoy entrecierro las puertas a cualquier extraño que se aproxime, ya no será tan simple pasar por mi vida. Ese es un privilegio que le otorgo a aquellas personas que estuvieron cuando nadie estuvo y que, gracias al cielo, siguen estando. Quien quiera un lugar a mi lado tendrá que luchar por él, se lo tendrá que ganar. Si siendo muy buena no me supieron valorar, voy a dejar mi bondad para aquellos que sean buenos conmigo.

Gracias infinitas a mi madre, a mi familia incondicional, y por sobre todas las cosas a mis amigas, que tantas se bancaron y se siguen bancando.

Voy a regar felicidad por el mundo, voy a dar lo mejor, porque al final… todo vuelve.

sábado, 15 de febrero de 2014

Aprendiendo a volar.

Tengo dos amigas y un grupo grande. Tengo muchos sueños y todas mis ganas.
Tengo 20 años y demasiadas caídas. Tengo el corazón roto y ningún ex. 
Tengo una familia y un perro fiel. Tengo los oídos llenos de escuchar de amores.
Tengo la cabeza aturdida y me transpiran las manos de la ansiedad. Tengo insomnio casi todos los días.
Tengo una madre que es como una amiga y tengo amigas que son como hermanas.
Tengo muchos "chapes" y ningún novio. Tengo mucha gente con quien chatear y poca con quien sentarme a hablar.
Tengo dolores de cabeza de nunca acabar, tengo resaca de ayer.
Tengo tristeza que se muere por salir. Tengo miles de lágrimas que nunca salieron.
Tengo que dejar de fumar. Tengo que dejar de pensar en el amor.

Una vez una profesora me dijo, que cuando nos enfermamos, es porque nuestro cuerpo refleja lo que nos está pasando por dentro. Nos sentimos por fuera, como estamos por dentro. Hace una semana que no me deja de doler la cabeza y hace dos que me siento mal del estómago y tengo un cansancio fuera de lo normal. Tendría que pensar que está pasando conmigo para que mi cuerpo me pase tanta factura.
Tal vez el dolor en mi alma comienza a trasladarse a todos los órganos de mi cuerpo, tal vez mi pequeño y secreto vacío interior comienza a agrandarse hasta hacerse ver por fuera. Ayer vi muchos enamorados, pero también vi mucha gente triste, inconforme con su situación sentimental, perdida y sin saber que hacer. ¿En qué momento el mundo cayó tan profundo? Al punto de que enamorarnos nos averguenza y gritamos felices a la soltería. ¿En qué momento la gente prefirió quedarse, sola, con su orgullo, a salir a luchar por quien ama? ¿En qué momento de la historia se perdieron los lentos, el romanticismo cursi y los caballeros se convirtieron en unos imbéciles, que se sienten orgullosos de estar con cinco al mismo tiempo, con cinco chicas bien? ¿Cuándo fue que dejamos de hablar cara a cara, de decir lo que sentimos?
Nací en un mundo sin remedio, perdido y con él, estoy perdida también yo. Remando. Buscando la forma de sobrevivir entre tantos robotcitos, entre tanta gente despechada, que odia al amor, que no se juega, que no sabe valorar ni distinguir a aquellas personas que valen la pena. 

¿Cuándo fue que dejamos de mirar las estrellas y empezamos a mirar la marca de la ropa?

"Tengo que aprender a volar, entre tanta gente de pie"


viernes, 7 de febrero de 2014

Yo paso, tu pasas, las cosas pasan.

¿Qué pasa si nada pasa? ¿Qué pasa cuando nada pasa? Porque nuestra ansiedad nos exige que si pasamos algo tiene que pasar, y cuando pasa, nos lamentamos porque no pasó lo que esperábamos que pase. Y nos enojamos y retrucamos contra el universo. Pero no escribimos nuestro destino. Y si te dicen que sí, te mienten. Porque yo tomo las decisiones, pero yo no soy quien escribe toda la historia. La historia se va escribiendo sola, los acontecimientos no los decido yo, no tengo la varita mágica. Pero los efectos de mis causas son ineludibles.

Quiero creer que uno recoge lo que siembra, pero si nunca sembré cactus ¿por qué recojo solo espinas? ¿Por qué mis rosas nunca florecen? Pero me tranquilizo, porque todavía vivo y, mientras viva, mi historia continúa escribiéndose. Y mientras mi historia se escriba, cosas seguirán pasando.Y si algo afirmo, firmo y re-afirmo es que en la vida todo, absolutamente todo, pasa por algo.