En estos últimos meses no escribí. Creo que no
estaba inspirada porque… ¿estoy sola? Aparentemente soy otra ridícula a la cual
lo único que la inspira es el amor. Y cuando escribo “amor” me doy asco, porque
no me considero una cursi en lo absoluto. Pero, se ve que en el fondo, lo soy. Excepto
una que otra entrada, ésta no es la diferencia a cosas que pude haber escrito
en otras oportunidades, en esta vengo a hablar otra vez de mi.
La cuestión es que últimamente no solo estoy,
si no que me siento sola. Y por lo general, cuando estoy en este lugar me pasan
dos cosas curiosas: la primera es que le pongo extremada expectativa al futuro
(al punto de volverme un ser cargado de ansiedad) y la segunda es que pienso
mucho en el pasado. Analizo, reviso y reviso para lograr entender qué fue lo
que salió mal en esas doscientas relaciones fallidas que tuve. Casi nunca
encuentro respuesta que ya no hubiese encontrado en otra oportunidad, algunas
veces encuentro cosas que podría mejorar en mi. Pero volviendo a lo curioso, es
que el 90% de las veces comienzo a extrañar a algún ex.
¿Qué es lo que me lleva a extrañar a un ser que
en su momento me resultó odioso a tal punto de no querer ver nunca más? Estos días
escuché algo interesante. Una actriz hablaba sobre la separación en un programa
rosado y berreta y decía que el tiempo tiene la virtud de curar, pero también
de borrar lo negativo y hacernos recordar solamente lo positivo. ¿Será esto lo
que me pasa? Me olvido de todas las razones que me llevaron a separarme de esas
personas y me acuerdo solamente de lo bien que lo pasaba. “No era tan mal tipo”
me digo, y termino distorsionando todo y culpándome por eso que no funcionó. Así
no solo me cargo con la culpa y la melancolía, sino que resalto lo insoportable
que soy y todas las cosas que hice para que él se aleje, como si el tipo fuera
un ángel caído del cielo que hizo todo perfecto.
La realidad es que no fue porque no tenía que
ser. Eso lo se bien. Pero a tal punto el tiempo y la soledad se confluyen para
confundirme, que termino creyendo que no fue porque hago todo mal. Y por ende,
termino sintiéndome la peor basura in-amable que está predestinada a estar
sola, rodeada de gatos, por el resto de la triste vida…
Realmente no creo que sea así. Por eso, cada
vez que comienzo a entrar en una crisis melancólica me recuerdo a mi misma
porqué se terminó todo: “te mentía, no te decía las cosas de frente, te
boludeaba, te usaba solo para coger, te tenía del montón”, o simplemente éramos
tan diferentes (o tan iguales) que jamás hubiera funcionado. Y soy de las pocas
personas que tiene la suerte de decir que se sale siempre de todas a tiempo. Que
no cae en la guampa o relaciones enfermizas e insulsas, porque nunca se
compromete con nadie, que puede no ser tan positivo, pero todo depende de cómo lo
mires.
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