domingo, 13 de julio de 2014

Papeles por la calle

Este fin de semana me tocó hacer de promotora. Ya saben, pararme en una esquina a repartir volantes a todo el que pase. Entre horas ahí parada rodeada de gente y completamente sola, tuve tiempo suficiente para observar a la gente cosa que –usalmente- no hago. Me caracterizo por ser del tipo colgada/despistada. No presto mucha atención a los detalles y me pierdo cosas que muchas veces terceras personas me ayudan a ver. Pero estos días fueron diferentes, porque dejé de ensimismarme en mis pensamientos por un rato y tuve la oportunidad de mirar a los demás, de mirar hacia afuera.
Lo que vi en principio no me pareció muy positivo. Vi mucha gente triste, mucha gente amargada, que me ignoró o me miró mal por el hecho de extenderle un papel en plena calle. Vi mucha gente discutir, con caras largas y metidas en pensamientos –deduzco- negativos. También vi mucha gente enferma, muchos ancianos rengos, muchos jóvenes con discapacidades, enanismo y pies atrofiados. Puede sonar rara mi observación y hasta algún punto cómica, pero en realidad es muy triste y me hizo darme cuenta lo afortunada que soy por el simple hecho de tener salud. Además, vi que mis problemas no son tan grandes aunque tal vez algún día lo sean. Que la mayor parte de la gente con caras largas era gente mayor y que la juventud todavía mantiene las sonrisas.

Pero en general, lo que me dio un aliento de fe es ver gente amable, que me sonrió y me aceptó el volante. Un volante que probablemente tirarían en el primer cesto de basura que viesen y siquiera lo leerían, pero que tuvieron la gentileza de ser amables con una desconocida que estaba laburando a pleno sol. Eso, cada sonrisa que vi, me dio un poco más de fe en la humanidad.

No hay comentarios.: