Tengo 20 años y demasiadas caídas. Tengo el corazón roto y ningún ex.
Tengo una familia y un perro fiel. Tengo los oídos llenos de escuchar de amores.
Tengo la cabeza aturdida y me transpiran las manos de la ansiedad. Tengo insomnio casi todos los días.
Tengo una madre que es como una amiga y tengo amigas que son como hermanas.
Tengo muchos "chapes" y ningún novio. Tengo mucha gente con quien chatear y poca con quien sentarme a hablar.
Tengo dolores de cabeza de nunca acabar, tengo resaca de ayer.
Tengo tristeza que se muere por salir. Tengo miles de lágrimas que nunca salieron.
Tengo que dejar de fumar. Tengo que dejar de pensar en el amor.
Una vez una profesora me dijo, que cuando nos enfermamos, es porque nuestro cuerpo refleja lo que nos está pasando por dentro. Nos sentimos por fuera, como estamos por dentro. Hace una semana que no me deja de doler la cabeza y hace dos que me siento mal del estómago y tengo un cansancio fuera de lo normal. Tendría que pensar que está pasando conmigo para que mi cuerpo me pase tanta factura.
Tal vez el dolor en mi alma comienza a trasladarse a todos los órganos de mi cuerpo, tal vez mi pequeño y secreto vacío interior comienza a agrandarse hasta hacerse ver por fuera. Ayer vi muchos enamorados, pero también vi mucha gente triste, inconforme con su situación sentimental, perdida y sin saber que hacer. ¿En qué momento el mundo cayó tan profundo? Al punto de que enamorarnos nos averguenza y gritamos felices a la soltería. ¿En qué momento la gente prefirió quedarse, sola, con su orgullo, a salir a luchar por quien ama? ¿En qué momento de la historia se perdieron los lentos, el romanticismo cursi y los caballeros se convirtieron en unos imbéciles, que se sienten orgullosos de estar con cinco al mismo tiempo, con cinco chicas bien? ¿Cuándo fue que dejamos de hablar cara a cara, de decir lo que sentimos?
Nací en un mundo sin remedio, perdido y con él, estoy perdida también yo. Remando. Buscando la forma de sobrevivir entre tantos robotcitos, entre tanta gente despechada, que odia al amor, que no se juega, que no sabe valorar ni distinguir a aquellas personas que valen la pena.
¿Cuándo fue que dejamos de mirar las estrellas y empezamos a mirar la marca de la ropa?
"Tengo que aprender a volar, entre tanta gente de pie"

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