sábado, 26 de octubre de 2013

¡Bendita soledad!

Me sentí sola, miré a mi alrededor y vi que no era cierto, estaba rodeada de gente. Gente que siempre estuvo, gente que está hace un tiempo, gente que recién llega y gente que ya no está tan cerca pero está.
Me sentí sola y vi que gracias a esa "soledad" tengo tantos amigos, tantos compinches, tanta gente que me hace pasar tantos buenos ratos. Gente que está en la misma que yo, gente que comparte mi sintonía, mis diversiones y mis risas.
Me sentí sola y me sentí triste, y en esa tristeza encontré rostros afables que estuvieron ahí conmigo. Tal vez no fueron muchos, quizás fue solo uno, quizá no fue quien esperaba que sea, pero no estuve sola. Y con un abrazo, con unas palabras, con repetir esas palabras infinidad de veces hasta que lograron entrar en esta cabeza dura, así y de otras mil maneras estuvieron.
Me sentí sola y me sentí vacía, y en ese vacío encontré nuevos placeres, nuevos pequeños "cables a tierra" que me conectaron conmigo misma y con los demás. Y surgieron lazos más fuertes y surgieron cosas mejores. 
Y cada vez que me sentí sola compartí mi soledad con otras personas que tienen las mismas necesidades que yo, de amistad, de afecto, de buenos momentos.
Y gracias a mi soledad conocí tanta gente, porque probablemente, si no hubiese estado sola, no conocería ni a un cuarto de toda la gente maravillosa que conozco, o más probable aún, no me relacionaría con ellos. Me cerraría en mi misma y en ese otro que me quitaría mi "soledad" para hacerme sentir sola en otros aspectos igual de importantes de la vida.

Gracias a mi soledad disfruté cada instante de mi adolescencia y de mi juventud. Puedo decir orgullosa que no me privaron, no me privé, ni me perdí de nada, lo viví todo en su justo momento. Por eso y mucho más: gracias bendita soledad.

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