martes, 17 de marzo de 2015

Cambio de dirección!

Por alguna razón sentí la necesidad de hacerme un blog nuevo. Necesite "volver a empezar" en uno donde no se hayan leído mis mil conflictos emocionales y donde yo me pueda empezar a mostrar como quien soy realmente pero sin tantos tapujos. No se si lo hice para desprenderme de este, no lo pensé, solo lo hice. Desprenderme de ser "una mina" seria desprenderme de mi misma, junto con todo lo que transite en el corto tiempo que tuve este blog. (He tenido algunos por años y años y los he desechado sin tantas vueltas). Y no se si quiero eso. 
Bueno, si tenemos en cuenta que soy una mina bipolar  y nunca se lo que quiero no es tan raro. Tampoco es raro que me cueste desprenderme de algo que solo yo leo -debido a la falta de comentarios me adjudico las mas de 800 lecturas (?). Pero el caso es que por fin, por primera vez en mi vida no quiero desprenderme de mi misma. Me acepto así, infumable, reiterativa, bipolar, ciclotimica, eterna enamorada de la vida y soltera sin remedio.
Podría gritar a los cuatro vientos mi nombre y apellido pero tengo la paranoia de que mi ex me googlea, me hackea y me lee. Sí, también estoy loca.
En fin, si dejo de escribir por acá, le agradezco a cualquiera que se haya tomado el trabajo de leer la sarta de pelotudeses que escribo cuando no puedo dormir. Pronto estaré adjuntando el link de mi nueva dirección (que por cierto cambio a Wordpress con un nombre artistico). 

xoxo.

Una mina.

domingo, 1 de marzo de 2015

Nueva y mejorada

¿En qué momento de mi no tan larga existencia me volví tan patéticamente frustrada y negativa? Está bien, no tengo todo lo que quisiera, pero tengo de sobra como para tener una vida feliz. Pero parece que nunca es suficiente, siempre me estoy fijando en eso que me falta. Si puedo leer en un libro este último año de mi vida, diría que avance un montón. Fue un año de mucha introspección, de mucho progreso, de mucho tratar de reparar eso que estaba mal: yo.
Perdí por el camino a gente que realmente nunca me perteneció, pero tengo la fortuna de decir que solo se quedan aquellos que valen la alegría. Y los demás, continúan yéndose. Algunos vuelven porque jamás tendrían que haberse alejado, otros vuelven para que por fin logre superarlo y para que por fin me puedan superar a mí. Y aunque nos cueste, a la fuerza, nos dejemos ir.
Ahora me preparo para un buen trecho que me queda por delante. Me alegra poder decir que, aunque no me haya ido de lo mejor, tengo historias para contar, me las mande todas y no tengo nada de qué arrepentirme. Porque todo lo que hice lo sentí así en su momento, romperse la cabeza suele ser necesario y mis intenciones siempre fueron buenas.

Y aunque me cueste una banda estar sola, por fin estoy mejor sola que mal acompañada. Y aunque me cueste horrores, confío en Dios y tengo fe en que las cosas, por fin, me van a empezar a salir bien porque me merezco estar con alguien bueno, que me haga bien. Y merezco los mejores amigos, incondicionales, así como soy con aquellos a quienes considero mis hermanos.

sábado, 21 de febrero de 2015

Los complicados somos nosotros...

Que difícil es no pensar, no llorar, no sentir
Que difícil es confiar, no actuar, no salir corriendo a tomar el camino mas fácil
Que difícil es dejar de hacer las cosas que tapan huecos pero hacen mal
Que difícil es dejar los vicios
Que difícil es no auto-compadecerme
Que difícil es ver todas las cosas que tengo
Que difícil es estar sola
Que difícil es olvidar
Que difícil es superar
Que difícil es esperar, aceptar, dejar todo en manos de Dios, fluir, dejar ir.
Que difícil es querer, que difícil es no querer, no sentirte querida, no dejarte querer.
Que difícil es ser mi única aliada y mi peor enemiga…
Que difícil es no contar con nadie, ni con quien cuenta con vos, que difícil es madurar.
Que difícil que la plata no compre la felicidad, que difícil trabajar por cosas que no necesitamos para calmar la ansiedad.
Que difícil vivir sin escribir, que difícil vivir sin música y sin vos.


lunes, 16 de febrero de 2015

La reiterativa


Cuando algo nos duele, nos perturba o nos molesta, podemos a llegar a ser insoportablemente reiterativos. Reiterativos con quienes nos escuchan y con nosotros mismos. Podemos darle mis vueltas a la situación durante meses e incluso años, esperando a que llegue una respuesta, a que llegue una solución mágica que cambie esa situación que nos disgusta. Y mientras tanto, nos envenenamos. Nos vamos frustrando, con la espera y con el pajarito de twistos golpeándonos la cabeza con esas ideas. Se vuelve insoportable incluso para nosotros mismos y ni hablar de los demás, que llegan a un punto en cual ya no pueden escucharnos redundar en lo mismo. Y te pesa, porque necesitas hablarlo, pero al mismo tiempo te sentís una densa que no supera. ¡SUPERALO! Pero ojalá fuera tan fácil.

Ojala no me doliera, ojala no me importara, ojala pudiera cambiar de idea como cambiamos de canal y a otra cosa mariposa. Porque bien se que es muy fácil tapar el sol con un dedo, pero el sol no va a tardar en salir y, entonces, me voy a sentir peor, como me paso tantas veces. Por eso trato todos los días de estar bien, de no pensar, solo por esperar que lo mejor llegue. Porque se que –aunque se esté tardando demasiado- va a llegar, que las cosas van a cambiar, que no hay mal que dure 100 años. Pero, me pregunto, si cuando llegue va a ser realmente la solución al problema. Porque si el problema soy yo, ni cayendo mil soluciones del cielo voy a estar mejor. Por eso, reitero, intento estar bien yo. Me cuesta horrores, pero intento. Salgo, trato de pensar positivo, trato de no pensar.

Pero resulta que taparse los ojos para no ver un problema, no resuelve el problema.

sábado, 24 de enero de 2015

Fue un desliz


Re-intentar, intentar demasiado. Volver a lo mismo. Pero ¿volver a que? O en el mejor de los casos dejar de ser definitivamente. Porque nunca fuimos.
Como evitar que se me cierre la garganta al intentar explicarte con la mayor de las naturalidades que hace rato no siento nada, que lo que paso entre nosotros fue un desliz, algo que nunca debió de haber pasado, porque lo nuestro es pasado. Como explicarte que ya no encuentro eso que me gustaba de vos, ni siquiera siento la bronca y el rencor que sentí en su momento. Ya no queda nada. Y no hay nada peor que la indiferencia, que me de igual verte o no verte, besarte o no.

Pero aùn asi no evito que se me cierre la garganta al repetir como un disco rayado que ya no quiero que nos veamos. Y se que con mil vueltas o con las palabras mas claras y directas del mundo, no lograras nunca entenderme, del mismo modo que nunca vas a cambiar. Lo mismo que tanto que nos atrajo, es lo que hoy nos separa. No cambiamos mas, yo con mi inconformidad y vos con tu conformismo. Pero “si no hay amor que no haya nada entonces” y esta vez no va a volver a haber ningún desliz. Porque lo que termino hace un año, lo confirmo hoy.  No me propongas mas nada, no me pidas mas disculpas (no hay nada que disculpar), perdóname vos a mi por haberte vuelto a confundir y que lo nuestro sean puntos suspensivos, de una historia eterna que nunca fue, que termino, pero permanecerá en nuestra memoria.  

lunes, 18 de agosto de 2014

Aprendiendo a esperar.

Cuando tenía 4 o 5 años habían salido unas muñecas nuevas. Eran altas (casi como yo) y traían diferentes vestidos. La vi en una revista publicitaria de un hipermercado mientras ibamos en el auto con mis padres y, apenas la vi, me volví loca. Estabamos en octubre, y pedí por favor que me la compren. Por aquellos días eramos mi hermanito (que en ese momento era un bebé) y yo, la mimada. Mi papá trabajaba muy bien, vivía viajando y no lo veía nunca; entonces, cada vez que venía de viaje me traía un regalo para intentar remediar las semanas enteras que pasabamos sin vernos. Yo no sabía lo que era un NO.
Mi mamá me dijo que me se la ibamos a pedir a Papá Noel. ¡¿PAPÁ NOEL?! ¡ESTAMOS EN OCTUBRE, FALTA UNA BANDA! Lloré, patalee e hice todo el berrinche que me salió. Pero la muñeca no llegó hasta navidad. 
Hoy, tengo 21 años, y la vida me fue bajando de esa burbuja a las patadas. Mi papá ya no trabaja tan bien (es docente), somos tres hermanos, y desde muy chiquita aprendí a ser independiente, a arreglarme sola, a trabajar por lo que quiero y a luchar por lo que sueño. Pero resulta que hay cosas que no se pueden comprar ni con toda la plata del mundo, que "papá noel" no trae y que ni trabajando de lunes a lunes se consiguen. Es frente a esas cosas que me desplomo. Me veo otra vez como esa nena de 5 años, haciendo berrinche cuando las cosas no me salen, sintiendome mal, ansiosa, queriendo todo YA. 
Algunas veces, tenemos que esperar un poco más por ciertas cosas. Que no se nos de enseguida, no quiere decir que no se nos vaya a dar. Solo que tenemos que aprender a esperar por lo bueno, por lo que realmente queremos. De nada sirve desesperarse o intentar apurar o presionar para que las cosas se den. Porque lo que no tiene que ser, no va a ser por más que nos desesperemos. Y si tiene que ser, será en su momento. Y que sea, lo que sea. Y lo que no tiene que ser, que no sea. 
No está mal estar triste, al contrario, somos humanos. Y a mi, como humana que soy, a veces me cuesta mucho entender esto (o me olvido, no se) y es entonces cuando me desplomo y me cuesta mucho seguir. A todos, algunas veces, nos cuesta mucho seguir. Levantarnos como si nada, afrontar nuestras obligaciónes, relacionarnos con la gente, sonreír... Pero si me quedo tirada ¿gano algo? Hoy cuento mi historia hasta acá... y después ¿cómo sigue?.


viernes, 8 de agosto de 2014

“¿No es acaso todo lo que hacemos en la vida, una manera de que nos amen más?”