¿En qué momento de mi no tan
larga existencia me volví tan patéticamente frustrada y negativa? Está bien, no
tengo todo lo que quisiera, pero tengo de sobra como para tener una vida feliz.
Pero parece que nunca es suficiente, siempre me estoy fijando en eso que me
falta. Si puedo leer en un libro este último año de mi vida, diría que avance
un montón. Fue un año de mucha introspección, de mucho progreso, de mucho
tratar de reparar eso que estaba mal: yo.
Perdí por el camino a gente que
realmente nunca me perteneció, pero tengo la fortuna de decir que solo se
quedan aquellos que valen la alegría. Y los demás, continúan yéndose. Algunos vuelven
porque jamás tendrían que haberse alejado, otros vuelven para que por fin logre
superarlo y para que por fin me puedan superar a mí. Y aunque nos cueste, a la
fuerza, nos dejemos ir.
Ahora me preparo para un buen
trecho que me queda por delante. Me alegra poder decir que, aunque no me haya
ido de lo mejor, tengo historias para contar, me las mande todas y no tengo
nada de qué arrepentirme. Porque todo lo que hice lo sentí así en su momento,
romperse la cabeza suele ser necesario y mis intenciones siempre fueron buenas.
Y aunque me cueste una banda
estar sola, por fin estoy mejor sola que mal acompañada. Y aunque me cueste
horrores, confío en Dios y tengo fe en que las cosas, por fin, me van a empezar
a salir bien porque me merezco estar con alguien bueno, que me haga bien. Y merezco
los mejores amigos, incondicionales, así como soy con aquellos a quienes
considero mis hermanos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario