lunes, 18 de agosto de 2014

Aprendiendo a esperar.

Cuando tenía 4 o 5 años habían salido unas muñecas nuevas. Eran altas (casi como yo) y traían diferentes vestidos. La vi en una revista publicitaria de un hipermercado mientras ibamos en el auto con mis padres y, apenas la vi, me volví loca. Estabamos en octubre, y pedí por favor que me la compren. Por aquellos días eramos mi hermanito (que en ese momento era un bebé) y yo, la mimada. Mi papá trabajaba muy bien, vivía viajando y no lo veía nunca; entonces, cada vez que venía de viaje me traía un regalo para intentar remediar las semanas enteras que pasabamos sin vernos. Yo no sabía lo que era un NO.
Mi mamá me dijo que me se la ibamos a pedir a Papá Noel. ¡¿PAPÁ NOEL?! ¡ESTAMOS EN OCTUBRE, FALTA UNA BANDA! Lloré, patalee e hice todo el berrinche que me salió. Pero la muñeca no llegó hasta navidad. 
Hoy, tengo 21 años, y la vida me fue bajando de esa burbuja a las patadas. Mi papá ya no trabaja tan bien (es docente), somos tres hermanos, y desde muy chiquita aprendí a ser independiente, a arreglarme sola, a trabajar por lo que quiero y a luchar por lo que sueño. Pero resulta que hay cosas que no se pueden comprar ni con toda la plata del mundo, que "papá noel" no trae y que ni trabajando de lunes a lunes se consiguen. Es frente a esas cosas que me desplomo. Me veo otra vez como esa nena de 5 años, haciendo berrinche cuando las cosas no me salen, sintiendome mal, ansiosa, queriendo todo YA. 
Algunas veces, tenemos que esperar un poco más por ciertas cosas. Que no se nos de enseguida, no quiere decir que no se nos vaya a dar. Solo que tenemos que aprender a esperar por lo bueno, por lo que realmente queremos. De nada sirve desesperarse o intentar apurar o presionar para que las cosas se den. Porque lo que no tiene que ser, no va a ser por más que nos desesperemos. Y si tiene que ser, será en su momento. Y que sea, lo que sea. Y lo que no tiene que ser, que no sea. 
No está mal estar triste, al contrario, somos humanos. Y a mi, como humana que soy, a veces me cuesta mucho entender esto (o me olvido, no se) y es entonces cuando me desplomo y me cuesta mucho seguir. A todos, algunas veces, nos cuesta mucho seguir. Levantarnos como si nada, afrontar nuestras obligaciónes, relacionarnos con la gente, sonreír... Pero si me quedo tirada ¿gano algo? Hoy cuento mi historia hasta acá... y después ¿cómo sigue?.


viernes, 8 de agosto de 2014

“¿No es acaso todo lo que hacemos en la vida, una manera de que nos amen más?”


"Si de verdad existe alguna clase de Dios, 
no debe estar en ninguno de nosotros,
ni en ti, ni en mi, pero quizás en un pequeño hueco entre nosotros.
Si existe alguna magia en este mundo 
debe estar en el intento de comprender a alguien al compartir algo...
Lo se, es casi imposible lograrlo, pero...
¿Qué importa eso? En el intento debe estar la respuesta"

Antes del amanecer.



Melancólicamente...

En estos últimos meses no escribí. Creo que no estaba inspirada porque… ¿estoy sola? Aparentemente soy otra ridícula a la cual lo único que la inspira es el amor. Y cuando escribo “amor” me doy asco, porque no me considero una cursi en lo absoluto. Pero, se ve que en el fondo, lo soy. Excepto una que otra entrada, ésta no es la diferencia a cosas que pude haber escrito en otras oportunidades, en esta vengo a hablar otra vez de mi.
La cuestión es que últimamente no solo estoy, si no que me siento sola. Y por lo general, cuando estoy en este lugar me pasan dos cosas curiosas: la primera es que le pongo extremada expectativa al futuro (al punto de volverme un ser cargado de ansiedad) y la segunda es que pienso mucho en el pasado. Analizo, reviso y reviso para lograr entender qué fue lo que salió mal en esas doscientas relaciones fallidas que tuve. Casi nunca encuentro respuesta que ya no hubiese encontrado en otra oportunidad, algunas veces encuentro cosas que podría mejorar en mi. Pero volviendo a lo curioso, es que el 90% de las veces comienzo a extrañar a algún ex.
¿Qué es lo que me lleva a extrañar a un ser que en su momento me resultó odioso a tal punto de no querer ver nunca más? Estos días escuché algo interesante. Una actriz hablaba sobre la separación en un programa rosado y berreta y decía que el tiempo tiene la virtud de curar, pero también de borrar lo negativo y hacernos recordar solamente lo positivo. ¿Será esto lo que me pasa? Me olvido de todas las razones que me llevaron a separarme de esas personas y me acuerdo solamente de lo bien que lo pasaba. “No era tan mal tipo” me digo, y termino distorsionando todo y culpándome por eso que no funcionó. Así no solo me cargo con la culpa y la melancolía, sino que resalto lo insoportable que soy y todas las cosas que hice para que él se aleje, como si el tipo fuera un ángel caído del cielo que hizo todo perfecto.
La realidad es que no fue porque no tenía que ser. Eso lo se bien. Pero a tal punto el tiempo y la soledad se confluyen para confundirme, que termino creyendo que no fue porque hago todo mal. Y por ende, termino sintiéndome la peor basura in-amable que está predestinada a estar sola, rodeada de gatos, por el resto de la triste vida…

Realmente no creo que sea así. Por eso, cada vez que comienzo a entrar en una crisis melancólica me recuerdo a mi misma porqué se terminó todo: “te mentía, no te decía las cosas de frente, te boludeaba, te usaba solo para coger, te tenía del montón”, o simplemente éramos tan diferentes (o tan iguales) que jamás hubiera funcionado. Y soy de las pocas personas que tiene la suerte de decir que se sale siempre de todas a tiempo. Que no cae en la guampa o relaciones enfermizas e insulsas, porque nunca se compromete con nadie, que puede no ser tan positivo, pero todo depende de cómo lo mires.