Cuando tenía 4 o 5 años habían salido unas muñecas nuevas. Eran altas (casi como yo) y traían diferentes vestidos. La vi en una revista publicitaria de un hipermercado mientras ibamos en el auto con mis padres y, apenas la vi, me volví loca. Estabamos en octubre, y pedí por favor que me la compren. Por aquellos días eramos mi hermanito (que en ese momento era un bebé) y yo, la mimada. Mi papá trabajaba muy bien, vivía viajando y no lo veía nunca; entonces, cada vez que venía de viaje me traía un regalo para intentar remediar las semanas enteras que pasabamos sin vernos. Yo no sabía lo que era un NO.
Mi mamá me dijo que me se la ibamos a pedir a Papá Noel. ¡¿PAPÁ NOEL?! ¡ESTAMOS EN OCTUBRE, FALTA UNA BANDA! Lloré, patalee e hice todo el berrinche que me salió. Pero la muñeca no llegó hasta navidad.
Hoy, tengo 21 años, y la vida me fue bajando de esa burbuja a las patadas. Mi papá ya no trabaja tan bien (es docente), somos tres hermanos, y desde muy chiquita aprendí a ser independiente, a arreglarme sola, a trabajar por lo que quiero y a luchar por lo que sueño. Pero resulta que hay cosas que no se pueden comprar ni con toda la plata del mundo, que "papá noel" no trae y que ni trabajando de lunes a lunes se consiguen. Es frente a esas cosas que me desplomo. Me veo otra vez como esa nena de 5 años, haciendo berrinche cuando las cosas no me salen, sintiendome mal, ansiosa, queriendo todo YA.
Algunas veces, tenemos que esperar un poco más por ciertas cosas. Que no se nos de enseguida, no quiere decir que no se nos vaya a dar. Solo que tenemos que aprender a esperar por lo bueno, por lo que realmente queremos. De nada sirve desesperarse o intentar apurar o presionar para que las cosas se den. Porque lo que no tiene que ser, no va a ser por más que nos desesperemos. Y si tiene que ser, será en su momento. Y que sea, lo que sea. Y lo que no tiene que ser, que no sea.
No está mal estar triste, al contrario, somos humanos. Y a mi, como humana que soy, a veces me cuesta mucho entender esto (o me olvido, no se) y es entonces cuando me desplomo y me cuesta mucho seguir. A todos, algunas veces, nos cuesta mucho seguir. Levantarnos como si nada, afrontar nuestras obligaciónes, relacionarnos con la gente, sonreír... Pero si me quedo tirada ¿gano algo? Hoy cuento mi historia hasta acá... y después ¿cómo sigue?.


