Ya esperaste más de lo que esperabas. Ya intentaste, te caíste, te levantaste y te volviste a caer. Un baile sin fin de idas y vueltas con bailarines que poco querían bailar. Cometiste el mismo error una y otra vez, jurando siempre "esta es la última". Pero nunca es la última, porque nunca dejamos de bailar, aunque a veces querríamos, aunque creamos que sí.
Odiamos y amamos a nuestros bailarines, nunca son lo suficientemente buenos y esperamos que llegue ese que nos saque los pies del suelo. Pero resulta que siempre son los mismos, siempre el mismo tipo, nada nuevo que te vuele la cabeza o te haga sentir diferente. Y empezás a resignarte. Comenzás a bailar con cualquiera para no bailar sola. Te sentás un rato y miras a tu alrededor para ver si alguien mejor te saca a bailar su mejor pista. Pero nada.
Y la espera a veces desespera. Y llegado cierto punto ya no sabés que esperar del próximo que llegue, o peor aún, ya no esperás nada. Los rodeas a todos dentro del mismo circulo de tipos malos. Como una sola maraña de gatos con la que ya no tenés ganas de enredarte. Ya no querés poner tus mejores ganas, tu mejor sonrisa, ni mostrar tus mejores pasos. Porque sabés que poco importa, si al fin y al cabo siempre termina igual que la vez anterior. O incluso peor.
Entonces te relajás, te repetís a vos misma que "son todos iguales", los mirás de lejos, los medís con vara rasa. Cada célula de tu cuerpo te impide confiar en cualquier mirada, en cualquier sonrisa, porque aprendiste que la gente sabe fingir demasiado bien, sabe mentir con demasiada facilidad y que así como llegan se van. Les das la chance de conocerte y a vos de conocerlos, pero ya no esperás que pase a mayores. Las ilusiones del rato ya no te van, porque sabés que donde hay ilusiones lo único que quedan son desilusiones y un corazón roto. Entonces, un día, decís basta. Seguís tu camino, tus metas, con paso ligero. Total, nada llega antes por mucho que pierdas el sueño. Nadie te quiere más por muchas ganas que le metas. Ni nada funciona mejor por simple voluntad. Al final todo cae por su peso, al final terminamos en el lugar que debemos estar.
"Cada cosa en su justo lugar, dale tiempo al tiempo"
