Soy una mina, y como buena
mina que soy me encanta tener en quien pensar. Sí, leyeron bien, nada de
corazón ocupado, es la cabeza. Tengo tanto que hacer, tanto en que
ocuparme, pero aún así, necesito pensar en alguien. Y en este punto surge el
problema.
El problema es que no tengo
por quien hacerme problema y entonces entro en crisis. Me hago problema porque
no tengo a nadie. Me desespero. Me digo “ya va a llegar” ¡pero no llega! Y entonces
es cuando –por lo general- tiendo a
agarrarme del primero que se me cruce. En esta ocasión, no hay nadie nuevo
merodeando y justo se digna a aparecer mi ex. PROBLEMA.
Si hay algo más triste que
agarrarse del primero que cruce por miedo a estar sola, es volver a tu ex.
Cuando se me pasó lo ebria y
me puse nuevo la cabeza, me acordé de todo. De cómo era conmigo, de porqué me
alejé de él y pude comprobar por mi misma, que no cambió nada. Entonces con
toda mi fuerza de voluntad estoy tratando de no hablarle. Pero al mismo tiempo
estoy esperando que él me hable. No quiero hablarle ni volver a estar con él
por orgullo, pero me encantaría que vuelva arrastrándose, me pida para vernos y
hacerle sufrir un poco. Lástima que eso no va a pasar. Voy a tener que buscar alguien más en quien pensar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario