miércoles, 4 de diciembre de 2013

Cabeza desocupada.

Soy una mina, y como buena mina que soy me encanta tener en quien pensar. Sí, leyeron bien, nada de corazón ocupado, es la cabeza. Tengo tanto que hacer, tanto en que ocuparme, pero aún así, necesito pensar en alguien. Y en este punto surge el problema.
El problema es que no tengo por quien hacerme problema y entonces entro en crisis. Me hago problema porque no tengo a nadie. Me desespero. Me digo “ya va a llegar” ¡pero no llega! Y entonces es cuando –por lo  general- tiendo a agarrarme del primero que se me cruce. En esta ocasión, no hay nadie nuevo merodeando y justo se digna a aparecer mi ex. PROBLEMA.
Si hay algo más triste que agarrarse del primero que cruce por miedo a estar sola, es volver a tu ex.
Después de todas las escenas que hice para dejarlo, después de todas las que me hizo, después de haberme demostrado abiertamente que siempre le chupé un huevo, aparece. Pasó un año y vino con pie de plomo, con la cola entre las patas, para ver como estaban los ánimos. Yo me había tomado cinco cervezas y lo recibí con risitas y la mejor onda, le volví a dar mi número y hablamos como dos amigos que no se ven hace un montón. Ya sé, soy una idiota. Perdón, pero es que nunca me olvidé de él. Y después de una charlita por whatsapp ya nos imaginé de novios, presentándolo a mi familia, comprándonos una casa y un perro.
Cuando se me pasó lo ebria y me puse nuevo la cabeza, me acordé de todo. De cómo era conmigo, de porqué me alejé de él y pude comprobar por mi misma, que no cambió nada. Entonces con toda mi fuerza de voluntad estoy tratando de no hablarle. Pero al mismo tiempo estoy esperando que él me hable. No quiero hablarle ni volver a estar con él por orgullo, pero me encantaría que vuelva arrastrándose, me pida para vernos y hacerle sufrir un poco. Lástima que eso no va a pasar. Voy a tener que buscar alguien más en quien pensar. 

No hay comentarios.: