Después de tanto llanto, tanta risa, tanto
todo. Después de tantas crisis, tanta confusión, tanto desencuentro. Después de
tanto... pasé una semana regular. Y con regular quiero decir: dormí bien, comí
más de la cuenta, no lloré antes de dormirme, no escuché música triste, no
pensé demasiado en nada. ¿Superación? Tal vez. Empecé a decirme que poco me
importa lo que sea, "y que sea lo que sea" escribí en mi estado de
WhatsApp y me recordé las mil y una veces que estuve en una situación similar
-plagada de crisis existenciales- y que sobreviví, seguí, dí vuelta la página y
todo siguió igual. Los grandes cambios no se dan precisamente porque pensemos
mucho en algo; las cosas no se solucionan porque le demos mil vueltas a la
almohada y los milagros no caen del cielo. Al menos no cuando los esperamos con
impaciencia.
Esta semana me dejé ser y dejé ser a
la semana, la dejé pasar sin tanto espamento, sin tanto barullo. Porque el
barullo no me hizo nunca más llevadero nada, al contrario. También dejé pasar a
quien insiste con pasar, de ultima, por algo pasa. Y si no se queda, capaz algo
nuevo me deja. Eso, nuevo. Lo único que pido es que ya no se repitan historias
(me aburren y me vacían). Al menos que sean historias originales, de esas que
contar en una ronda de amigas cuando hablamos de los ex, algo que me deje algo
de qué aprender. Y si queda, bienvenido sea. Le hago un lugar en el sofá y nos
acurrucamos con una cerveza mientras miramos
una película "cómica" que no me da nada de gracia.
De lo que se dice “amor” ya poco espero, o
al menos ya poco espero del primero que me trae chocolates. Porque nunca
encontré nada similar a lo que pienso es el amor, de última, ya estamos en
junio (me cuesta percatarme de eso), y con lo rápido que se van los meses, se
van los años y la vida. Al menos eso dice mi abuela. Por eso: KEEP CALM AND
ENJOY.