domingo, 1 de junio de 2014

De un domingo frío...

Después de tanto llanto, tanta risa, tanto todo. Después de tantas crisis, tanta confusión, tanto desencuentro. Después de tanto... pasé una semana regular. Y con regular quiero decir: dormí bien, comí más de la cuenta, no lloré antes de dormirme, no escuché música triste, no pensé demasiado en nada. ¿Superación? Tal vez. Empecé a decirme que poco me importa lo que sea, "y que sea lo que sea" escribí en mi estado de WhatsApp y me recordé las mil y una veces que estuve en una situación similar -plagada de crisis existenciales- y que sobreviví, seguí, dí vuelta la página y todo siguió igual. Los grandes cambios no se dan precisamente porque pensemos mucho en algo; las cosas no se solucionan porque le demos mil vueltas a la almohada y los milagros no caen del cielo. Al menos no cuando los esperamos con impaciencia.
 Esta semana me dejé ser y dejé ser a la semana, la dejé pasar sin tanto espamento, sin tanto barullo. Porque el barullo no me hizo nunca más llevadero nada, al contrario. También dejé pasar a quien insiste con pasar, de ultima, por algo pasa. Y si no se queda, capaz algo nuevo me deja. Eso, nuevo. Lo único que pido es que ya no se repitan historias (me aburren y me vacían). Al menos que sean historias originales, de esas que contar en una ronda de amigas cuando hablamos de los ex, algo que me deje algo de qué aprender. Y si queda, bienvenido sea. Le hago un lugar en el sofá y nos acurrucamos con una cerveza mientras miramos una película "cómica" que no me da nada de gracia.
De lo que se dice “amor” ya poco espero, o al menos ya poco espero del primero que me trae chocolates. Porque nunca encontré nada similar a lo que pienso es el amor, de última, ya estamos en junio (me cuesta percatarme de eso), y con lo rápido que se van los meses, se van los años y la vida. Al menos eso dice mi abuela. Por eso: KEEP CALM AND ENJOY.

De intuiciones, daja-vús y excepciones

“Las mujeres somos las de la intuición”; al menos así dicen. Yo, particularmente, no me considero una persona muy intuitiva. Al contrario, por lo general erro bastante, si de adelantar hechos se trata. Pero ¿qué es la intuición? ¿Un sentir? ¿Una especie de latido, un deja-vú ocasional? Yo más que intuición, acostumbro a guiarme por mi sentido común y mi experiencia, aunque acepto que muchas veces me equivoco, por ejemplo, con las personas. Traigo conmigo tan arraigados una serie de prototipos que me fueron imponiendo a lo largo de la vida, que veo venir de noche a un chico con pelo largo y por las dudas cruzo la calle; veo a un tipo con alianza de casado y me genera confianza… como decía, prototipos. Porque ¿quién dice que ese chico con pelo largo es mala gente, o que el tipo con alianza no es un golpeador?

La mayor parte de las veces, me equivoco con la primera impresión que tengo de la gente. Tanto si fuese una impresión buena o mala, esa persona me termina demostrando que estaba equivocada. Que el chico con pelo largo era un buen tipo, inteligente, y que el que tiene un título colgado en su pared es un forro. Desde que me di cuenta de mi poca capacidad para intuir a la gente desconfío de mi misma. Desconfío de mi intuición e incluso de lo que mi sentido común por mi experiencia me pueda decir. Y las pocas veces que acerté me odié a mi misma, porque en el fondo lo sabía y no quería aceptarlo por miedo a estar equivocada.  Porque de última, no somos todos iguales, siempre, en algún montón y en el lugar que menos imaginamos, puede estar escondida la excepción.